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MISIÓN AD GENTES: 2008-2009 |
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La misión de cada Iglesia local –inserta necesariamente en el seno de la Iglesia Católica- siempre ha de vivir desde Pentecostés, experimentándose en éxodo desde el aliento del Espíritu. Así pues, ha de ser, por un lado, una misión que recrea la catolicidad como generadora de comunión en la diversidad de una manera permanente en sí misma, ya que posee la integralidad de los bienes de la promesa. Y, por otro, ha de ser una misión universal, global y mundial, ya que ha de habitar la tendencia a la comunión como su hogar, como el lugar a donde ha sido invitada. Insertada en un territorio, la vida de la Iglesia debe huir del provincianismo y del localismo, pues no ha de prescindir de una mirada global. Todas sus actividades han de ser medidas y evaluadas desde el horizonte de la misión eclesial. Las Iglesias locales nunca pueden renunciar a “pensar y a soñar a lo grande” (A. M. Ricardi).
Ciertamente, no hay que ser una gran comunidad para soñar a lo grande. También una pequeña comunidad puede medirse con los horizontes del mundo, puede vivir su lazo con el mundo entero, puede participar activamente en la misión de la Iglesia. Es necesario que nuestras comunidades se acostumbren a pensar con los horizontes del mundo. La Iglesia local no es una comunidad provincial. En la Iglesia se vive esta pasión universal también por los que están lejos, por los que no se conocen, por los mundos hostiles o difíciles.
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