MISIÓN AD GENTES: 2008-2009

 

ESPIRITUALIDAD EVANGÉLICA DE SAN FRANCISCO SOLANO

13 Septiembre 2009.

 

 

    El Papa Benedicto XVI ha concedido a nuestra Diócesis un Año Jubilar con motivo del IV Centenario de la muerte de San Francisco Solano. Por esa razón nos vamos a fijar en algunos rasgos de su espiritualidad franciscana.

    Hoy nos vamos a fijar en el Cristocentrismo de su espiritualidad. Ciertamente Cristo es el centro de todos sus intereses y quehaceres, vive una existencia “expropiada”; su máxima aspiración es parecerse a Él. El seguir a Jesús y ponerse a su servicio pasa por la cruz, sobre todo en tierra de misión. Allí irá aprendiendo a integrar todas las dificultades y sufrimiento, incluso fracasos y decepciones. Fiel a su Señor, se despojará de su voluntad propia y querrá servir a Dios buscando y queriendo hacer siempre y en todo la voluntad del Padre.

    Tres rasgos resaltan en su seguimiento de Jesús:

- La pasión por los intereses de Jesús. Despojado de voluntad, de intereses, de la búsqueda de gloria personal, la pasión por el anuncio del nombre de Jesús y de su salvación, se convierte en su verdadero alimento y tormento. Sin una experiencia personal y profunda de Jesucristo no puede haber verdadera proclamación del Evangelio.

- El amor hacia los pobres, los últimos, los enfermos. Tiene las mismas preferencias que su Señor, es testigo de Cristo pobre. Se identifica con la suerte de los pobres, siente suyas sus ofensas. Se entrega al servicio de los pobres, enfermos y oprimidos, indicando el secreto de la coherencia y de la verdadera fecundidad apostólica: no separar el compromiso con los últimos de su raíz y fundamento, la fe en Jesucristo. Los dos amores son inseparables.

-  Manifestando siempre el gozo y alegría como las notas predominantes de su carácter. Gozo e intensa alegría por el amor desbordante que Dios derrama en su corazón (cf Rm 5,5). Invadido por el Espíritu es una existencia “expropiada”, y siente un gozo inmenso que acompaña su deseo de parecerse a su Señor, de saber que sólo le queda dejarse trabajar por el Espíritu, manantial de gozo y el único que puede recrear la imagen de Jesús en él.

 

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