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MISIÓN AD GENTES: 2008-2009 |
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Debemos distinguir lo que constituye la vocación o carisma misionero, la vocación misionera específica, de la dimensión misionera propia del ser cristiano. Ciertamente que un carisma es algo específico que se entrega a algunos destinatarios de un modo pleno o más patente, pero no por ello significa que toda la Iglesia local no deba asumir su responsabilidad y que otros no lo puedan vivir con una intensidad distinta.
El carisma misionero, don particular del Espíritu a ciertas personas, tiene algunas características como la exclusividad del compromiso, la universalidad del horizonte, la totalidad de la dedicación, la radicalidad de la vida que se asume. Se trata de la vocación misionera ad vitam, con derivación explícita hacia la misión ad gentes. Es una vocación “que tiene como modelo la de los Apóstoles y se manifiesta en el compromiso total al servicio de la evangelización; se trata de una entrega que abarca toda la persona y toda la vida del misionero, exigiendo de él una donación sin límites de fuerzas y de tiempo” (RMi 65).
Esta vocación especial de los misioneros ad vitam, conserva toda su validez: representa el paradigma del compromiso misionero de la Iglesia, que siempre necesita donaciones radicales y totales, impulsos nuevos y valientes (cf RMi 66). La Redemptoris missio invita a avivar la gracia de esta vocación específica, emprendiendo con valentía nuevos caminos y prefiriendo los lugares más humildes y difíciles (cf RMi 66).
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