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MISIÓN AD GENTES: 2008-2009 |
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A
pesar de las transformaciones que estamos viviendo, nunca queda anulado el
carácter específico de la misión ad gentes. La misión ad gentes no puede ser
entendida unilateralmente desde el criterio geográfico, sino que ésta deberá
añadir siempre el criterio soteriológico, el antropológico y el cultural. La
misión ad gentes se amplía en extensión, pero a la vez se profundiza en
intensidad. Porque en cualquier caso siempre se ha de dar la misión universal
juntamente con la salida, como éxodo y como respuesta a la llamada del Espíritu.
Sin salida no hay misión. Una salida que debe ser modulada desde criterios
diversos y variados, pero que a la vez asume la lógica del dar y del recibir,
aunque sea desde la pobreza.
Un aliciente de carácter profético en esta línea lo podemos comprobar en las Iglesias jóvenes de los territorios de misión. Estas Iglesias jóvenes, a pesar de tener múltiples insuficiencias y de su falta de evangelizadores, asumen dicha lógica y pretenden caminar evangélicamente desde el “dar desde la propia pobreza”, como el óbolo de la viuda pobre del Evangelio de Lucas (21,4). Sean cuales sean las pobrezas de cada Iglesia local: «la Iglesia misionera siempre da lo que recibe [...]. La generosidad en el dar debe estar siempre iluminada e inspirada por la fe: entonces sí que hay más alegría en dar que en recibir» (RMi 81, citando a Puebla n. 368).
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