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MISIÓN AD GENTES: 2008-2009 |
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Teniendo
muy presente la identidad de la Iglesia local y el futuro previsible, cada
Iglesia local ha de sentirse permanentemente llamada a la misión ad gentes.
Realmente, la misión regala futuro a la Iglesia desde lo genuinamente cristiano
y desde los derroteros entre los que se desenvuelve la marcha del mundo. El
auténtico reto que debe interpelar a las Iglesias locales es su dinamismo
misionero.
Desde ahí, la animación misionera adquiere un gran relieve como ministerio profético, para ayudar a las comunidades eclesiales a situar su misión de modo acorde. La animación misionera ha de conducir a una conversión pastoral que permita establecer las auténticas prioridades desde las exigencias de la misión ad gentes.
En la actual situación en la que vivimos, hay que dar ese relieve especial de la animación misionera como ministerio profético no sólo a la labor de inculturación del Evangelio, sino a la contextualización del mismo, particularmente desde las estructuras económicas y técnicas de nuestra civilización contemporánea. Y por eso mismo, la globalización de la solidaridad y el servicio a la reconciliación entre los pueblos se han de convertir en los «confines» prioritarios para la misión del futuro, ahí es donde estamos llamados a ser sus testigos, los testigos del Reino ya iniciado.
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