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MISIÓN AD GENTES: 2010-2011 |
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El
papa Benedicto XVI sigue recordándonos que el compromiso misionero brota del
núcleo de la fe cristiana, del Dios que es Amor –Deus
Caritas Est– y de la Eucaristía –Mysterium
Caritatis–.
El dinamismo misionero no es una tarea suplementaria o añadida al quehacer de la
Iglesia, sino que es su misma razón de ser: la Iglesia existe para evangelizar;
evangelizar es el gozo de la Iglesia (Cf. EN 14); ella existe porque hay que
prolongar el designio del Padre realizado en la historia por la misión del Hijo
y del Espíritu.
Deseamos hacer una mención
especial a la celebración del solemne Jubileo convocado por Juan Pablo II para
conmemorar el nacimiento de Jesús y para situar a la Iglesia en el dinamismo
originario del envío de Jesús por el Padre bajo la acción del Espíritu. Su
objetivo era introducir a la Iglesia «en un nuevo período de gracia y de misión»
(TMA 39-54). Dentro de la dinámica marcada por el Vaticano II, la bula de
convocatoria Incarnationis
Mysterium alentaba a la Iglesia «a
extender su mirada de fe hacia nuevos horizontes en el anuncio del Reino de
Dios» (IM 2).
El Jubileo ha sido vivido, recordaba más tarde Juan
Pablo II, «no sólo como memoria del pasado, sino como profecía del futuro. Es
preciso ahora aprovechar el tesoro de gracia recibida, traduciéndola en
fervientes propósitos y en líneas de acción concretas. Es una tarea a la cual
deseo invitar a todas las Iglesias locales» (NMI 3).
La misión universal sigue en sus inicios. Descubrir
esa realidad con gozo es la invitación que dirigimos a todos, desde una
concepción auténtica e integral de la evangelización, como nos viene recordando
el Magisterio ordinario de la Iglesia.