MISIÓN AD GENTES: 2010-2011

 

Qué es la misión, cómo realizarla y cómo vivirla

26 Junio 2011               

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El mandato del Señor resucitado a los Apóstoles: «Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos» (Mt 28,19), resuena también hoy con todo su valor y vigor. La Iglesia no puede ni pretende sustraerse a esta responsabilidad, segura de que todos los hombres tienen pleno derecho a encontrar a Cristo redentor a través de su ministerio. La misión ad gentes, que «se caracteriza como tarea de anunciar a Cristo y su Evangelio, de edificación de la Iglesia local, de promoción de los valores del Reino» (Cf. AG, 6; RMi, 34) es, pues, válida, vital y actual. Más aún, observando la realidad demográfica y socio-religiosa del mundo, esta misión debe considerarse todavía en sus comienzos (Cf. AG, 1). En el umbral del tercer milenio, la tarea misionera de la Iglesia, de ningún modo en vías de extinción, posee horizontes cada vez más amplios (Cf. AG, 31).

La Iglesia universal, todas las Iglesias particulares, todas las instituciones y asociaciones eclesiales y cada cristiano en la Iglesia tienen el deber de colaborar para que el mensaje del Señor se difunda y llegue hasta los últimos confines de la tierra (cf. Hch 1,8), y el Cuerpo místico llegue a la plenitud de su madurez en Cristo (cf. Ef 4,13). Son permanentemente actuales las palabras de los Apóstoles, que la Iglesia sigue repitiendo con convicción: “Nosotros no podemos callar lo que hemos visto y escuchado” (Hch 4,20) (Cf. AG11).

Las ideas sobre la misión se pueden clasificar en tres niveles: qué es la misión, cómo realizarla, cómo vivirla. Se trata de la teología misionera (naturaleza de la misión), de la acción misionera (pastoral) y de la espiritualidad misionera. Al impartir la formación misionera en comunidades apostólicas, podrían tenerse en cuenta estos niveles:

El nivel doctrinal estudia la naturaleza de la misión en sus diversas dimensiones, siguiendo la pauta de la misma misión realizada por el Señor: dimensión trinitaria, cristológica, pneumatológica, eclesiológica y antropológica.

El nivel pastoral aborda la acción misionera en todas sus dimensiones ministeriales (profética, litúrgica y de animación o dirección) y en todos sus caminos concretos, situaciones misioneras y estadísticas.

El nivel espiritual indica la disponibilidad misionera y el estilo misionero que deriva de cada vocación, como fidelidad generosa a la misión del Espíritu Santo.