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MISIÓN AD GENTES: 2010-2011 |
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Las nuevas fronteras de la misión ad gentes 27 Febrero 2011 |
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El
proceso de globalización, el largo e intenso proceso de secularización de
nuestra sociedad, las nuevas tecnologías de la comunicación, las oleadas de
inmigración y de emigración han suscitado un proceso histórico en el que se han
desplazado las fronteras de la misión ad gentes
en su comprensión tradicional. En consecuencia, los
pueblos y las culturas se mezclan y la misión ad
gentes ya no está solamente más allá de nuestras
fronteras. «Nuevas situaciones relacionadas con el fenómeno de la movilidad
humana exigen de los cristianos un auténtico espíritu misionero» (RMi 82).
Esta
transformación de la situación ha afectado de modo notable a las Iglesias de
vieja cristiandad, especialmente en Europa. La II Asamblea especial para Europa
del Sínodo de los obispos llevó adelante una valoración de la realidad que
condujo a Juan Pablo II a lanzar interpelaciones claras y netas en la
Exhortación Apostólica Ecclesia in Europa.
En diferentes partes de Europa se ha hecho necesario un
primer anuncio del Evangelio, pues hay ámbitos sociales y culturales
suficientemente amplios como para que en ellos sea necesaria una auténtica
misión ad gentes
(EinE 46). A ello hay que añadir la presencia de
miembros de otras religiones en nuestro continente (EinE 57). Todo esto obliga a
tomar conciencia de que la misión ad extra,
tal como se entendía anteriormente, debe ser conjugada y articulada con esta
urgencia que algunos denominan misión ad intra.
Esta constatación ha despertado una más clara conciencia
ecuménica y misionera. No obstante, no siempre se realiza con toda la fuerza y
decisión que exige la dimensión misionera de la Iglesia. Para muchos, se reduce
a la afirmación de que «la misión está aquí», sin percibir que aquí y allí deben
ser entendidos, por el trastocamiento de situaciones, en el seno de un dinamismo
misionero unitario.
Para otros, las nuevas situaciones
deben ser afrontadas desde la actitud de una «nueva evangelización», pero sin
integrarla en la misión única de la Iglesia, cuando esta carece de fronteras o
de espacios independientes. Es imprescindible que la nueva situación nos haga
comprender que la misión de la Iglesia está todavía en sus comienzos (RMi
1,30,40) y que debe llegar a las nuevas fronteras (cf.
RMi
37) recogidas por el actual Plan Pastoral de
la Conferencia Episcopal: «A los ámbitos geográficos es necesario unir unos
nuevos horizontes conocidos como los «nuevos areópagos o nuevas fronteras» de
carácter cultural, como el mundo de la comunicación, el compromiso por la paz,
el desarrollo de los pueblos, la investigación científica. O de carácter social,
como son el mundo de la inmigración, las grandes ciudades, el ámbito de los
jóvenes, o las nuevas situaciones de pobreza e injusticia social».