MISIÓN AD GENTES: 2010-2011

 

Una mirada agradecida a la historia

7 Noviembre 2010               

 

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Juan Pablo II, en su visita a la sede de la Conferencia Episcopal Española, recordaba: «Ya en mi visita a Zaragoza de 1984, y más recientemente en Santo Domingo [...], tuve ocasión de expresar mi viva gratitud y la de toda la Iglesia por la ingente labor evangelizadora de aquella pléyade de misioneros españoles que llevaron el mensaje de salvación al mundo entero [...] Os invito a que extendáis vuestra cooperación misionera a los nuevos e inmensos espacios que se abren para el anuncio del Evangelio en los diversos continentes, sin olvidar la misma Europa».

La Iglesia en España se ha visto enriquecida con personas, iniciativas e instituciones que han sabido responder a las necesidades de cada momento. La mejor expresión es san Francisco Javier, patrón universal de las misiones, que aparece en la historia misionera de la Iglesia como ejemplo a seguir. Hemos de agradecer al Señor el nacimiento de numerosas Congregaciones religiosas masculinas y femeninas que han seguido canalizando la entrega de tantos y tantas a la misión universal, así como la cooperación misionera de los miembros de Institutos de vida consagrada. A ellos se suman la diversidad de cauces misioneros para los presbíteros diocesanos: el Instituto Español de Misiones Extranjeras (IEME), las «Misiones Diocesanas», la Obra de Cooperación Sacerdotal Hispanoamericana (OCSHA) y otras iniciativas diocesanas que han ido surgiendo en los últimos tiempos.

También los laicos fueron generando sus propias vías para el compromiso misionero, dando origen a diferentes organismos eclesiales, entre los que se cuenta la Obra de Cooperación Apostólica Seglar para Hispanoamérica (OCASHA).

Asimismo agradecemos el nacimiento de los Movimientos eclesiales y nuevas comunidades que, promovidos por el Espíritu Santo en la Iglesia, están contribuyendo a la acción misionera de la Iglesia con la incorporación de nuevas generaciones.

El trabajo en comunión de todos ellos, integrados en su mayoría en el Consejo Nacional de Misiones, ha favorecido tanto la cooperación como la animación misionera: los fieles cristianos han seguido apoyando a los misioneros con sus oraciones y sus aportaciones económicas; la Misionología ha ido abriéndose camino lentamente en la formación de los agentes de pastoral; las grandes campañas misioneras han sabido mostrar el rostro eclesial y humano de la acción misionera; los misioneros han aportado un testimonio admirable de solidaridad en situaciones de conflicto o de guerra abierta; la Iglesia en España ha escuchado las interpelaciones y las angustias de los sectores más pobres y desfavorecidos de los países del Sur; la animación misionera se ha mostrado sensible para solidarizarse con las grandes causas a favor de los derechos humanos y contra la injusticia…

Este constante y generoso esfuerzo misionero ha sentado los cimientos de un presente esperanzador y cargado de promesas. El agradecimiento que debemos rendir al pasado lejano y reciente ha de ser el aliento y la fuente de optimismo para que las novedades y transformaciones del presente sean un estímulo para el futuro.