SAN FRANCISCO JAVIER,

TESTIGO Y MAESTRO DE LA

MISIÓN.

Charla-Retiro de Don Antonio Evans para el Domund 2006.

I.- INTRODUCCIÓN:

 *         La Jornada Mundial de la Propagación de la Fe nos invita a tomar conciencia de la dimensión misionera de la Iglesia y de la urgencia de la misión ad gentes, pues ésta atañe a todos los cristianos, a todas las diócesis y parroquias, a las instituciones y asociaciones eclesiales (RMi, 2).

 *         Desde esta perspectiva, el Papa Benedicto XVI nos invita a que reflexionemos sobre cómo la caridad es el alma de la misión.

 *         Y se nos ofrece, con motivo del quinto centenario de su nacimiento, la figura paradigmática de San Francisco Javier, como testigo y maestro de la misión.

  

II.- LA CARIDAD, ALMA DE LA MISIÓN:

 *         La misión, si no es orientada por la caridad, si no nace de un profundo acto de amor divino, corre el riesgo de reducirse a una mera actividad filantrópica y social:

-           El amor que Dios tiene por cada persona, constituye el núcleo de la experiencia y del anuncio del Evangelio, y todos cuantos lo acogen se convierten a su vez en testigos.

-           El amor de Dios, que da vida al mundo, es el amor que nos ha sido dado en Jesús, Palabra de salvación, icono perfecto de la misericordia del Padre celestial.

 

*         La síntesis del mensaje está en 1 Jn 4,9: “En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene; en que Dios envió al mundo a su Hijo único para que vivamos por medio de él” (1 Jn 4,9).

-           Después de su resurrección, Jesús confió esta misión a su Iglesia (cf Jn 19,20ss).

-           Desde entonces, la Iglesia continúa esta misma misión, que constituye para todos los creyentes un compromiso irrenunciable y permanente.

 *         Toda comunidad cristiana está llamada, pues, a dar a conocer a Dios que es Amor:

-           Dios impregna con su amor la entera creación y la historia humana. Al origen, el hombre salió de las manos del Creador como fruto de una iniciativa de amor.

-           Después, el pecado ofuscó en él la huella divina:

+          Engañados por el maligno, rompieron la relación de confianza con su Señor...

+          Así, al amor gratuito divino, se prefirieron a sí mismos...

+          Consecuencia: perdieron la felicidad y gustaron la amargura del pecado y de la muerte.

-           Pero Dios no les abandonó, y les prometió la salvación, a ellos y a sus descendientes, preanunciando el envío de su Hijo unigénito, Jesús, que revelaría, en la plenitud de los tiempos, su amor de Padre, un amor capaz de rescatar cada criatura humana de la esclavitud del mal y de la muerte.

 *         En Cristo se nos comunica la vida de la Trinidad:

-           Buen Pastor que no abandona la oveja descarriada, se da a los hombres de cada tiempo la posibilidad de entrar en la comunión con Dios, Padre misericordioso pronto a volver a acoger en la casa al hijo pródigo.

-           Signo sorprendente de este amor es la Cruz. En la muerte en cruz de Cristo se realiza ese ponerse Dios contra sí mismo, al entregarse para dar nueva vida al hombre y salvarlo: esto es amor en su forma más radical.

-           Es allí, en la cruz, donde puede contemplarse esta verdad. Y a partir de allí se debe definir ahora qué es el amor. Y, desde esa mirada, el cristiano encuentra la orientación de su vivir y de su amar.

  

II.- LA CARIDAD, ALMA DE LA EVANGELIZACIÓN:

 *         A la vigilia de su pasión, Jesús dejó como testamento a los discípulos, reunidos en el Cenáculo para celebrar la Pascua, el mandamiento nuevo del amor (cf Jn 15,17):

-           El amor fraterno que el Señor pide a sus “amigos” encuentra su manantial en el amor paterno de Dios (cf 1 Jn 4,7).

-           Para amar según Dios es necesario vivir en Él y de Él: Dios es la primera casa del hombre, y sólo quien vive en Él arde con un fuego de caridad divina en grado de incendiar el mundo

 *         ¿No es esta, quizás, la misión de la Iglesia en todo tiempo?:

-           La auténtica solicitud misionera, empeño primario de la Comunidad eclesial, se encuentra unida a la fidelidad al amor divino, y esto es válido para cada cristiano, para cada comunidad local, para las Iglesias particulares y para todo el Pueblo de Dios.

-           De la conciencia de esta misión común toma fuerza la disponibilidad de los discípulos de Cristo para realizar obras de promoción humana y espiritual, que testimonian que “el amor, es y sigue siendo la fuerza de la misión, y es también el único criterio según el cual todo debe hacerse y no hacerse, cambiarse y no cambiarse. Es el principio que debe dirigir toda acción y el fin al que debe tender. Actuando con caridad o inspirados por la caridad, nada es disconforme y todo es bueno” (n. 60).

+          Ser misioneros significa, amar a Dios con todo lo que uno es, hasta dar incluso, si es necesario, la vida por Él... el testimonio del martirio.

+          Ser misioneros es inclinarse, como el buen Samaritano, sobre las necesidades de todos, especialmente de los más pobres y necesitados, porque quien ama con el amor de Cristo, no busca el propio interés, sino únicamente la gloria del Padre y el bien del prójimo.

+          Se encuentra aquí el secreto de la fecundidad apostólica de la acción misionera, que traspasa las fronteras y las culturas, llega a los pueblos y se difunde hasta los extremos confines del mundo.

 *         La Jornada Misionera Mundial debe ser ocasión propicia para comprender cada vez mejor que el testimonio del amor, alma de la misión, concierne a todos:

-           Servir el Evangelio no puede considerarse como una aventura solitaria, sino el empeño que cada comunidad comparte.

-           Junto con los que se encuentran en la primera línea de la evangelización -los misioneros- otros muchos, con la oración y su cooperación, también contribuyen al Reino.

-           El deseo es que esta coparticipación crezca cada vez más gracias a la aportación de todos.

  III.- SAN FRANCISCO JAVIER, TESTIGO Y MAESTRO DE LA MISIÓN:

 *         Se entrega gozosa y apasionadamente a Cristo:

-           La espiritualidad de los Ejercicios ignacianos: el Principio y Fundamento, la entrega radical y total al Rey eternal...

-           Con confianza plena en Dios y entrega total e intrépida a su voluntad, en servicio del Reino:

+          Todo tiene una fuente: su amor a Cristo, su voluntad de seguirle sirviendo a Dios por encima de todas las criaturas -el Principio y Fundamento ignaciano-.

+          Esta confianza le hace relativizar y superar miedos, trabajos, peligros, riesgos e incertidumbres...

+          Testimonia alegría en los riesgos y peligros extraordinarios. ¡Pidiendo incluso mayores peligros! Es un místico, un enamorado de Cristo que busca seguirle, que siente su Presencia en medio de los peligros y experimenta las mayores consolaciones.

-           Viviéndolo todo desde una radical humildad, apoyada en su honda experiencia espiritual, en un sentido fuerte de la trascendencia y de la misericordia de Dios... en modo alguno quiere que sus pecados obstaculicen la obra salvadora de Dios.

 *         Se identifica con los pobres y los más abandonados, haciendo presente el amor de Dios en su humanidad incansable y desbordante.

-           Quiere que encuentren a Aquel que es principio y fundamento de sus vidas.

-           Espejo fiel del Buen Samaritano, su total dedicación y entrega al servicio de los pobres lo convierte para nosotros en un modelo.

 *         S. Francisco Javier inaugura una cierta inculturación:

-           No evangeliza desde una mentalidad de conquista, sino de adaptación y encarnación, sin forzar conversiones...

-           Sabe también proclamar a Cristo desde el silencio y la impotencia, aceptar con humildad los fracasos y apreciar el respeto a la conciencia.

-           Evangeliza en sus propias lenguas, intentando traducir los conceptos claves del cristianismo.

  

V.- NECESIDAD DE VIVENCIAR EL OCTUBRE MISIONERO:

 *         Orar por las necesidades en la tarea evangelizadora del universo:

-           Necesitamos un nuevo Pentecostés que nos impregne de urgencia misionera.

-           Acentuar la primacía de la gracia, la capacidad nos viene de Dios...

-           Necesidad de potenciar la oración, los sacramentos... como medios de santificación

 *         Sintonizar con los que sufren por la evangelización:

-           Con las graves y sangrantes dificultades externas: Pobreza, guerra, explotación.

-           Con las dolorosas dificultades internas: Secularismo, división, apatía, indiferencia...

-           Con la globalización del secularismo, materialismo, consumismo...

 *         Colaborar económicamente a la misión evangelizadora universal:

-         No es dar un donativo, es realizar la misión universal encomendada a toda la Iglesia.

-         Es la visibilización de la opción preferencial por los más pobres, lejanos

-         Desde una vivencia de comunión de bienes.

 *         Orar para que el Señor nos dé vocaciones misioneras –sacerdotes, religiosos y laicos-:

-          Necesidad de asumir el vivir en estado de misión –geográfica, social y cultural-: «Hay que dedicar todas las fuerzas eclesiales a la nueva evangelización y a la misión ad gentes» (RMi 3)

-          ¿Por qué nuestro raquitismo espiritual, nuestra falta de opciones de vida y de por vida? [Cfr. parábola del joven rico (Mc 11,17-25)].

-          Conscientes de que “nadie puede eludir este deber supremo...” (RMi 3), ¿cuál es nuestra respuesta, nuestra disponibilidad, nuestra libertad, nuestra generosidad?...