San Francisco Javier, testigo y maestro de la misión   

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Por identificarse con los más pobres y abandonados

17 Septiembre 2006

     Este rasgo debe ser un rasgo de toda auténtica evangelización. Desde su opción por Cristo, Javier se entrega, venciendo resistencias de su naturaleza, al servicio de los enfermos y los pobres. Por ellos se desvive en el barco que le lleva de Lisboa a Goa y lo mismo hará hasta el fin de su vida. Javier, que llega a Goa como Nuncio del Papa, va derecho a aposentarse en el hospital y enseguida va a la cárcel a visitar unos presos que difícilmente esperarían ya ningún signo amistoso de nadie, y va los domingos a decir misa a los enfermos del mal de san Lázaro. En su primera gran correría apostólica por las costas del sur de la India, una de sus grandes ocupaciones es ayudar a los enfermos y defender a los pobres contra los abusos de los poderosos. Y lo mismo hace en Malaca y en las islas de Indonesia...

    En esa defensa de los pobres llega Javier a levantar su voz ante el mismo rey de Portugal, denunciando las muchas injurias y graves vejámenes que (los cristianos pobres) reciben principalmente de los ministros de Vuestra Alteza y le ruega que aplique justas penas a sus ministros negligentes, porque de la India se elevan al cielo voces de queja porque Vuestra Alteza se muestra avaro con ella (carta del 20 de enero de 1545). Tres años después y viendo que los gobernadores portugueses en la India son todos unos ladrones, le pide al rey severos castigos para tales gobernadores y añade: Y porque no tengo esperanza que esto se ha de hacer, casi me pesa el haberlo escrito (carta del 20 de enero de 1548). Ese desengaño es una de las causas que le empujan a ir al Japón, como cuenta a Ignacio en carta del 12 de enero de 1549. Y unos días después, el 26 de enero, escribe al rey Juan III: La experiencia me dice que Vuestra Alteza no es poderoso en la India para acrecentar la fe en Cristo y es poderoso para llevar y poseer todas las riquezas temporales de la India... Ninguna esperanza tengo de que se han de cumplir en la India mandatos ni provisiones... y por eso casi voy huyendo para Japón, por no perder más tiempo del pasado. Y termina Javier la carta al rey con esta durísima advertencia: Cosa nueva será, y que nunca por Vuestra Alteza pasó, verse despojado, a la hora de su muerte, de sus reinos y señoríos, y entrar en otros, donde le ha de ser cosa nueva ser mandado y, lo que Dios no quiera, fuera del paraíso.  

     El apasionamiento por Jesús le lleva a la opción radical: el seguimiento en vida pobre y en servicio preferente a los pobres. Imitar a Jesús significa, antes que nada, ser pobre como Él. Trabajar por el Reino como Jesús es evangelizar desde la pobreza absoluta y dedicarse preferentemente a los más pobres. Desde luego esta actitud no tiene por qué ser un esfuerzo ascético doloroso, y en el caso de Javier se traduce en una experiencia feliz: no se cambia por nadie.