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La misión
de anunciar el Evangelio a todos los pueblos y a todas las gentes, en comunión
con el Papa y bajo su autoridad, corresponde en primer lugar al Colegio de los
Obispos, con la colaboración directa de los sacerdotes que componen su
Presbiterio, los cuales "ejercitando... el oficio de Cristo, Pastor y Cabeza,
congregan la familia de Dios", al mismo tiempo que "en la porción de la grey del
Señor a ellos confiada hacen visible la Iglesia universal" (cf LG 28).
La capacidad, la sensibilidad misionera, la urgencia por la misión, les viene por el don espiritual de la sagrada Ordenación. El don del Espíritu Santo que reciben con el sacramento del Orden "les dispone para una misión... amplísima y universal de salvación 'hasta los últimos confines de la tierra', pues todo ministerio sacerdotal participa de la misma dimensión universal de la misión confiada por Cristo a los Apóstoles" (PO 10).
Así, pues, todos los sacerdotes "han de estar profundamente persuadidos de que su vida ha sido consagrada también para el servicio de las misiones" (AG 39): todo sacerdote es misionero por naturaleza y vocación. La vocación pastoral de los sacerdotes debe ser universal, a todos los pueblos, a todas las gentes. Todo sacerdote, es sacerdote para la Iglesia universal, es sacerdote para el mundo. La Iglesia invita permanentemente a todos los sacerdotes a ofrecerse al Espíritu Santo y a su Obispo para ir, como misioneros, a predicar el Evangelio más allá de las fronteras de su país, hasta los confines del mundo.
También la evangelización de los no-cristianos, que viven en el área de una diócesis o de una parroquia, es deber primario del respectivo pastor. Por eso, los sacerdotes se han de esforzar personalmente, asociando también a los fieles, en predicar el Evangelio a aquellos que no forman parte todavía de la comunidad eclesial. Los sacerdotes, en su mayor parte, viven la dimensión misionera en una Iglesia particular, bien ocupándose de las situaciones misioneras en ella existentes o educando y estimulando a sus comunidades a participar en la misión universal de la Iglesia.