La Obra Misional Pontificia de la Santa Infancia o de la
Infancia Misionera debe su nombre al deseo de ponerla bajo la
protección de Jesús Niño. Con el convencimiento de que los niños pueden ser una
fuerza espiritual y social para una verdadera transformación del mundo, intenta
suscitar un movimiento de niños cristianos dedicados a ayudar a otros niños.
Mantiene su genuino carácter misionero e incluye también un compromiso en la
denuncia y condena de las causas de las múltiples violencias sufridas por los
niños en el mundo, aportando concretas iniciativas de ayuda. Este compromiso es
tanto más eficaz cuanto más estrechamente esté unido en la apertura a las
Iglesias locales y en sintonía con las familias, las parroquias y las escuelas.
La Infancia Misionera presta su servicio a las Iglesias particulares con los siguientes objetivos:
a) Ayudar a los educadores a despertar y desarrollar progresivamente en los niños y adolescentes una conciencia misionera universal, y conducirlos hacia una comunión espiritual e intercambio material de sus recursos con los coetáneos de otras Iglesias, especialmente aquellos con más necesidades. Todos tienen algo que dar y algo que recibir y el lema para ellos es: “los niños ayudan a los niños”.
b) Contribuir a la promoción y florecimiento de vocaciones misioneras.
c) Preparar animadores misioneros que acompañen a los niños en su camino hacia una conciencia misionera más madura. Esto se realiza a través de su directa implicación y en las formas que esa tarea adopte, de modo que los niños se conviertan en los pequeños protagonistas de las misiones.
La Infancia Misionera se presenta ante el mundo como una Obra Pontificia que tiene un valor incalculable para la evangelización de los niños, para la evangelización de las familias a las que ellos pertenecen, para la evangelización de los Centros a los que ellos asisten, educacionales, etc., y sobre todo es uno de los brazos más abiertos y seguros de la Iglesia para la misión ad gentes.