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Misión “ad gentes” |
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El domingo 22 de enero
celebraremos la Jornada Mundial y Pontificia de la Infancia Misionera, fundada
por Mons. Forbin Janson (1775-1884), nacido en París, obispo de Nancy desde
1823, se encontró con Paulina Jaricot (fundadora de la Propagación de la Fe,
Domund) en Londres, en 1842, donde
tomó cuerpo su proyecto como Obra Infantil de la Propagación de la Fe. En ella
los niños cristianos, con su oración y una aportación económica mensual,
toman a su cargo ayudar a los
niños necesitados de todo el
mundo, cualquiera que fuese su raza y religión.
Esta Obra encontró una gran acogida. En 1843 se reunió en París el
primer comité directivo y, poco después, se fijaron unos objetivos sencillos y
contundentes:
1.
Salvar de la muerte y la miseria la vida de los niños.
2.
Darles el Bautismo y una educación cristiana.
3.
Prepararles a ser apóstoles de los demás niños.
En Bélgica halló una gran
colaboración en el Nuncio de su Santidad Joaquín Pecci (quien después sería
León XIII). Cuando muere (un año después de la fundación) está establecida
en 65 diócesis. En España se instaura en 1852 por la reina Isabel II a
instancias del cardenal-arzobispo de Toledo Mons. Bonel y Orbe. Está el dato
curioso e iluminador de que los primeros sacerdotes ugandeses (1913) fueron en
su tiempo niños de la Santa Infancia.
Alentada por todos los Papas desde Gregorio XVI hasta Juan Pablo II,
elevada por Pío XI en 1922 a la categoría de Obra Misional Pontificia, ha
sabido adaptarse manteniendo su objetivo: formar a los niños para que, por su
cooperación, sean capaces de contribuir a la llegada del Reino de Dios a toda
la humanidad.