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MISIÓN AD
GENTES: 2010-2011 |
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Semana de oración por las misiones
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El
mes de octubre
–nos dice el Papa Benedicto XVI en su Mensaje para el Domund-,
con la celebración de la Jornada Misionera
mundial, ofrece a las comunidades diocesanas y parroquiales, a las institutos de
vida consagrada, a los movimientos eclesiales y a todo el pueblo de Dios, la
ocasión de renovar el compromiso de anunciar el Evangelio y de dar a las
actividades pastorales un aliento misionero más amplio. Esta cita anual nos
invita a vivir intensamente los itinerarios litúrgicos y catequéticos,
caritativos y culturales, con los que Jesucristo nos convoca a la mesa de su
Palabra y de
la Eucaristía, para gustar el don de
su Presencia, formarnos en su escuela y vivir cada vez más conscientemente
unidos a Él, Maestro y Señor. Él mismo nos dice: «El que me ame, será amado de
mi Padre; y yo le amaré y me manifestaré a él» (Jn 14,21). Sólo a partir de este
encuentro con el Amor de Dios, que cambia la existencia, podemos vivir en
comunión con Él y entre nosotros, y ofrecer a los hermanos un testimonio
creíble, dando razón de la esperanza que está en nosotros (cfr. 1Pe 3,15). Una
fe adulta, capaz de abandonarse totalmente a Dios con actitud filial, alimentada
por la oración, la meditación de la Palabra
de Dios y por el estudio de las verdades de la fe, es la condición para poder
promover un nuevo humanismo, fundado en el Evangelio de Jesús.
Ciertamente, como reza el lema del Mensaje:
“La construcción de la
comunión eclesial es la clave de la misión”.
Vamos a iniciar la semana de oración por las misiones y los misioneros, para que
el Espíritu del Señor los llene de amor, comprensión, paciencia, ternura... para
que los haga amar como Cristo, transparentar a Cristo, manifestar a Dios.