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MISIÓN AD GENTES: 2010-2011 |
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Responsabilidad misionera de los Obispos 24Abril 2011 |
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Los
Apóstoles fueron los primeros que recibieron este encargo, puesto que «los Doce
son los primeros agentes de la misión universal, constituyen un “sujeto
colegial” de la misión, al haber sido escogidos por Jesús para estar con Él y
ser enviados “a las ovejas perdidas de la casa de Israel” (Mt 10,6)» (RMi 61).
La misión que recibieron los Apóstoles es la mima de Jesús y
tiene sus mismas características (cf Mt 10,5-42; Mc 6,7-13; Lc 9,1-6; 10,1-12).
El
Primado de Pedro aparece en su
dimensión eclesial más viva y profunda, como cabeza de un Colegio Episcopal, el
cual será auténtico si se hace misionero: «Así como el Señor resucitado confirió
al Colegio Apostólico encabezado por Pedro el mandato de la misión universal,
así esta responsabilidad incumbe al Colegio Episcopal encabezado por el Sucesor
de Pedro» (RMi 63; cf AG 38; EN 67-68).
Los Obispos,
conscientes de pertenecer en virtud del sacramento del Orden al Colegio
episcopal, deben vivir la solicitud por todas las Iglesias en comunión con el
Romano Pontífice (cf. LG 23; CD 3,6). Por ello deben no sólo fomentar el
espíritu misionero en sus diócesis, sino promover las vocaciones misioneras
ad gentes, ayudar a su
discernimiento y alegrarse de que en sus Iglesias surjan misioneros deseosos de
entregar sus vidas en las fronteras de la misión ad
gentes.
La
responsabilidad misionera de la Colegialidad Episcopal y de cada Obispo no puede
reducirse a proporcionar una ayuda o a “dejar” partir algunas vocaciones, sino
que debe orientar todo el modo de concebir y de actuar de la Colegialidad y de
cada Obispo (CD 6; EN 68; can. 782). Ad
gentes indica tanto el mandato de Cristo como la realidad de la consagración
sacramental: «Todos los Obispos, como miembros del Cuerpo Episcopal, sucesor del
Colegio de los Apóstoles, están consagrados no sólo para una diócesis, sino para
la salvación del mundo entero» (AG 38).
Lumen gentium tiene la misma enseñanza: «El cuidado de anunciar el Evangelio
en todo el mundo pertenece al cuerpo de los Pastores, ya que a todos ellos en
común dio Cristo el mandato imponiéndoles un oficio común» (LG 23; cf LG 18).
Esta realidad misionera debe aparecer claramente en todas las
aplicaciones y concretizaciones de la «Colegialidad», como en el caso de las
Conferencias Episcopales: «La misma responsabilidad se refleja, en diversa
medida, en las Conferencias Episcopales y en sus organismos a nivel Continental,
que por ello tienen que ofrecer su propia contribución a la causa misionera» (RMi
63)