MISIÓN AD GENTES: 2010-2011

 

Responsabilidad misionera de las Iglesias particulares

17 Abril 2011               

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 La responsabilidad misionera de la Iglesia universal se concretiza en cada Iglesia particular, por exigencia de la comunión. La consecuencia, según Pablo VI, es la siguiente: "La Iglesia universal se encarna de hecho en las Iglesias particulares" (EN 62)

La "particularidad" de una Iglesia, con su herencia apostólica y su historia de gracia, no está condicionada a los límites socioculturales de naciones o estados, sino que, por su sacramentalidad, su catolicidad y su apostolicidad, se abre a la universalidad de la misión, de dar y de recibir los dones que son de todos. "Por esto, toda la Iglesia y cada Iglesia es enviada a las gentes" (RMi 62). "Todo el misterio de la Iglesia está contenido en cada Iglesia particular, con tal de que ésta no se aísle, sino que permanezca en comunión con la Iglesia universal y, a su vez, se haga misionera" (RMi 48). «Lo que se hizo al principio del cristianismo para la misión universal, también sigue siendo válido y urgente hoy. La Iglesia es misionera por su propia naturaleza, ya que el mandato de Cristo no es algo contingente y externo, sino que alcanza al corazón mismo de la Iglesia. Por esto, toda la Iglesia y cada Iglesia es enviada a las gentes» (RMi 62). Por eso, «en ese vínculo esencial de comunión entre Iglesia universal y las Iglesias particulares se desarrolla la auténtica y plena condición misionera»” (RMi 62).

Los fieles cristianos, por el hecho de su pertenencia a la Iglesia, tienen una irrenunciable vocación a la misión, como lo es su llamada divina a la santidad. «La vocación universal a la santidad está estrechamente unida a la vocación universal a la misión. Todo fiel está llamado a la santidad y a la misión» (RMi 90). Cada uno de los miembros de la Iglesia debe asumir su responsabilidad misionera para vivir con gozo la evangelización.

Las Iglesias particulares son protagonistas fundamentales de la acción misionera. Si la Iglesia existe en y desde ellas, y si cada Iglesia particular existe a imagen de la Iglesia universal, la misión ad gentes no puede ser considerada como una tarea añadida o suplementaria a la pastoral. Se puede decir que cada Iglesia diocesana existe «en estado de misión», es decir, centrada en la comunicación de la fe y en el primer anuncio como signo de su vitalidad y de fidelidad a su propio origen y nacimiento histórico.