San Francisco Javier, testigo y maestro de la misión   

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Modelo para todo misionero.

3 Septiembre 2006

    Javier nació el 7 de abril de 1506, y realizó la misión en Asia en un período de diez años, desde Mayo de 1542 hasta su muerte en Sancián en Diciembre de 1552. Son los tiempos de una gran expansión (“conquista”) de Occidente (España y Portugal) por América, África y Asia. Era la primera vez que se anunciaba el Evangelio a América, al África subsahariana y, prácticamente, también al continente asiático (Los maravillosos esfuerzos anteriores desde la Iglesia Siria y desde el Occidente medieval se habían borrado sin apenas dejar huellas). La misión de San Francisco Javier va a enmarcarse en una época de grandes iniciativas misioneras

   El papa Benedicto XV, en 1919, decía de Javier lo siguiente: “Francisco Javier, digno ciertamente de ser comparado con los mismos apóstoles, después de haber trabajado heroicamente por la gloria de Dios y la salvación de las almas en las Indias Orientales y el Japón, expira a las puertas mismas del Celeste Imperio, adonde se dirigía, como para abrir con su muerte camino a la predicación del Evangelio en aquella región vastísima, donde habían de consagrarse al apostolado, llenos de anhelos misioneros y en medio de mil vicisitudes, los hijos de tantas Órdenes religiosas e Instituciones misioneras” (Maximum illud, n. 7).

    Realmente es de admirar su fe en Dios, su conversión, su celo apostólico, su capacidad de afrontar las dificultades, su obediencia, su entrega incondicional y total a la difusión del Evangelio. Se puede pensar en Javier como el ideal del misionero al que se debe imitar y al que propone como modelo, pues desde su conversión hasta el último día de su existencia, creció continuamente su caridad y fue esta caridad la que consumió su vida a los 46 años. Nos hablan de ello sus incansables trabajos para hacer que nuestro Señor Jesucristo fuese conocido y amado y su continua ansia hacia cosas siempre mejores. Para ello, dejó su patria, emprendió largos viajes por tierra y mar y recorrió palmo a palmo enormes distancias anunciando a todos la Buena Noticia.