Misión “ad gentes”

 Identidad y objetivos de la Infancia misionera.

         La Jornada Mundial y Pontificia de la Infancia Misionera, que celebraremos el 22 de enero, tiene una identidad cristiana y eclesial clara y unos objetivos netamente misioneros.

    Pretende ayudar a los educadores a despertar en los niños una conciencia misional universal,  y a guiarlos hacia una comunidad espiritual y material con los niños más pobres del mundo. Pero sin cejar en el empeño hasta alcanzar el gran objetivo: hacer florecer vocaciones específicamente misioneras.

    También busca con todo empeño constituir un fondo de solidaridad para ayudar a las obras e instituciones de los niños. En una frase síntesis feliz del Papa Juan Pablo II, la Infancia Misionera tiene como objetivo el crear «Una verdadera red de solidaridad humana y espiritual entre los niños de los antiguos y nuevos continentes» (Mensaje del Año Internacional del Niño).

    Todo ello teniendo muy en cuenta los principios pedagógicos para despertar su conciencia misionera, adaptándose a su mentalidad, edad, ambiente, posibilidades... Ciertamente la Infancia Misionera debe estar absolutamente integrada en la pastoral de conjunto para la educación cristiana de la infancia, aportando la dimensión misionera.

    Realmente toda su acción se mueve en la educación para una auténtica solidaridad evangélica: en primer lugar preocupándose por cooperar al sostenimiento "de las obras de caridad, de educación y promoción humana" (RMi.81); y en segundo lugar, sintiendo "como parte integrante de su fe la solicitud apostólica de transmitir a otros su alegría y su luz", solicitud que se convierte "en hambre y sed de dar a conocer al Señor" (RMi.40).

    La mayor y mejor riqueza que posee el cristiano es su fe en Jesucristo. No sólo ha de agradecer este don, sino que ha de desear compartirlo.